miércoles, julio 19, 2006

Simplemente enloqueció

Simplemente enloqueció Por: Pablo Latapí Miercoles 19 de Julio de 2006 | Hora de publicación: 01:21 Por respeto a las 14’756,350 personas que votaron por López Obrador, y por respeto al más de un millón que marcharon en su apoyo el domingo hasta el Zócalo del DF, es justo reconocer que en algún momento AMLO representó un buen proyecto para el país. Se le vio como la posibilidad de dar un giro a los tradicionales sistemas de gobierno en México y de resolver así problemas de siglos de marginación, pobreza y falta de oportunidades para la mayoría de los mexicanos. “Primero los pobres”, sonaba bien porque si los pobres están bien el resto del país está bien. Pero, insisto, “fue”, tiempo pasado, antes de que llegara el momento de la verdad, el 2 de julio, día en que cerca de 42 millones de mexicanos fuéramos a votar a las urnas. Ese día, más de medio millón de personas, ciudadanos todos como usted y como yo, contaron voto por voto y encontraron, al momento en que se reunió la información en los 300 Consejos Distritales, que la votación no le favorecía a López Obrador. Y hago girar la votación en torno a López Obrador porque es él quien hoy desconoce los votos, el conteo de los ciudadanos y el cotejo de actas de los Consejos Distritales. En este espacio siempre le dimos el privilegio de la duda a López Obrador como una alternativa viable para el país, pero por razones varias que tienen que ver con su desprecio a la figura presidencial, la poquísima calidad moral de sus más cercanos colaboradores y su incapacidad para sumar a grupos empresariales, un 80 por ciento de quienes podían votar porque estaban inscritos en el Padrón “no” votaron por él. Prefirieron a Felipe Calderón (a quien le otorgaron una ligerísima ventaja), a Roberto Madrazo, a los demás candidatos, anularon su voto o simple y sencillamente les importó un comino la elección y no fueron a las urnas. Suman, quienes “no” votaron por López Obrador, el 80 por ciento del electorado. Pero López Obrador estaba “programado” para ganar. Desde que buscó ser gobernador de Tabasco su proyecto era llegar a la Presidencia. Trabajó muy duro, consistentemente, aguantó vara en el PRD, y al llegar a la Jefatura de Gobierno del DF estuvo permanentemente en campaña (haciendo cosas importantes a pesar del escandaloso mar de corrupción de sus colaboradores) y durante el inicio de las campañas fue el candidato más viable y sólido de la contienda. Perder la elección (o para ser más exactos contar con la información que habla de su derrota) lo ha trastornado. Así como el poder ha vuelto locos a varios, a él lo volvió loco el no llegar al poder. Ha descalificado al IFE, a los ciudadanos que fueron funcionarios de casilla, a los representantes en casilla de su propio partido, al Programa de Resultados Preliminares, al Conteo Distrital, y ya nos está preparando a todos para desconocer el veredicto del Tribunal Electoral en caso de que no sea a su favor. Se podría hacer un nuevo conteo por voto, como lo pide en su chantaje con movilizaciones y protestas; las matemáticas no fallarían, pero él no estaría dispuesto a aceptar el resultado. Tiene enfrentados a quienes están a su favor y a quienes están en su contra; un enfrentamiento que en muchos círculos alcanza niveles ríspidos. Algo que no habíamos visto en nuestro país. De un plumazo, y con su voz chillona desde el Zócalo, está agrietando las instituciones sin que nadie le haga contrapeso. De su lado tiene el capricho y el enojo de los más resentidos, y en su contra sólo voces aisladas que hasta hoy no se han hecho escuchar. Su locura está acorralando a las vías institucionales. http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=251903