También publiqué este artículo en un foro de opinión.
Esto no lo dijo el PAN o alguno de sus miembros: "Yo soy", dice el PRD, el Partido de la Revolución Democrática. El PRD, el partido de los "errores tácticos". El error táctico de, con sus pactos electorales, fomentar los negocios de familias disfrazadas de partidos. El error táctico de aliarse al PAN en algunos estados y al PRI en otros. El error táctico de la contrarreforma indígena y los paramilitares de Zinacantán. El error táctico de Rosario Robles y los videoescándalos. El error táctico de hostigar y reprimir el movimiento estudiantil de la UNAM en 1999. El error táctico de la "ley Ebrard" y la "ley Monsanto". El error táctico de ceder el Zócalo de la ciudad de México a los monopolios de espectáculos. El error táctico de hacer equipo con los salmistas. El error táctico de la importada "tolerancia cero" y de perseguir a jóvenes, homosexuales y lesbianas por el "delito" de ser diferentes. El error táctico de traicionar la memoria de sus muertos, hacer candidatos a sus asesinos y reciclar a los desaforados de las candidaturas priístas. El error táctico de convertir movimientos populares en burocracias partidista y gubernamental. El error táctico de manipular las muertes de Digna Ochoa y Pável González para halagar a la derecha. El error táctico de la indefinición frente a los movimientos de resistencia y liberación en otros países, de bajar la cabeza frente al poder estadunidense y de tratar de congraciarse con los poderosos. El error táctico de sus luchas intestinas y los fraudes en las elecciones internas. El error táctico de la alianza con el narcotráfico en el DF. El error táctico de pedirle dinero a la gente mintiéndole al decir que es para ayudar, "bajo el agua", a los zapatistas. El error táctico del cortejo vergonzante a los sectores más reaccionarios del clero. El error táctico de usar a los muertos en la lucha como carta de impunidad para robar, despojar, corromper, reprimir. El error táctico de correr, loco de contento con su cargamento de errores tácticos, al centro. El error táctico de "la Patria, mi buen, no es más que un presupuesto en disputa". Y en el centro del PRD... "Yo soy", dice Andrés Manuel López Obrador, AMLO. Y contra AMLO se lanza Cárdenas Solórzano acusándolo de declararse de centro desde el inicio y no seguir su tradición de iniciar declarándose de izquierda... e irse corriendo al centro conforme avanza la campaña. Criticándole el tener el control del PRD y hacer uso discrecional de él... después de que Cárdenas hizo lo mismo tantos años. Echándole en cara las alianzas que hace, olvidando que a las hechas por Cárdenas se debe el enriquecimiento de familias (como el Partido de la Sociedad Nacionalista, de los Riojas) y la liga del PRD con el sinarquismo -el mismo que encapuchó la estatua de Juárez (el Partido de Acción Social), cuando aceptó la postulación por esos dos partidos en 2000-. López Obrador. “ “López Obrador. El que se comparó a sí mismo con Francisco I. Madero... olvidando que el símil con Madero no termina con el demócrata encarcelado por Porfirio Díaz, sino que continúa con el Madero que formó su equipo de gobierno con los mismos porfiristas (y que fue traicionado por uno de ellos). Con el Madero que, dando las espaldas a las demandas de los desposeídos, se dio a la tarea de mantener la misma estructura económica de explotación, despojo y racismo construida en el régimen porfirista. A AMLO y a los jilgueritos que revolotean a su lado se les "olvidaron" esos detalles. Y, sobre todo, se les "olvidó" que, frente a Madero, los zapatistas enarbolaron el Plan de Ayala, aquel plan sobre el que Madero dijo, palabras más o menos, "publíquenlo, que todos sepan que ese Zapata está loco". Pero basta de historia pasada y de comparaciones. Estamos a principios del siglo XXI y no del siglo XX, en una sucesión adelantada por la ambición desbocada de una mujer. Para saber cuál es el proyecto de quien aspira al Poder no hay que escuchar lo que dice hacia abajo, sino lo que dice hacia arriba (por ejemplo, en las entrevistas a los diarios estadunidenses New York Times y Financial Times). Hay que escuchar lo que les ofrece a quienes mandan en realidad. La oferta central del programa presidencial de AMLO no es vivir en Palacio Nacional y convertir Los Pinos en la nueva sección del Bosque de Chapultepec. Es "estabilidad macroeconómica", es decir, "ganancias crecientes para los ricos, miseria y despojos crecientes para los desposeídos, y un orden que controle el descontento de estos últimos". Cuando se critica el proyecto de AMLO no se trata de criticar un proyecto de izquierda, porque no lo es, así lo ha declarado y prometido López Obrador al Poder de más arriba. El ha sido claro y sólo no lo ven quienes no quieren verlo (o no les conviene verlo) y se siguen esforzando por verlo y presentarlo como un hombre de izquierda. El de AMLO es un proyecto, según él mismo lo definió, de centro. Y el centro no es más que una derecha moderada, una puerta a la clínica de cirugía plástica que transforma a los luchadores sociales en déspotas y cínicos, una macroeconomía estabilizada con segundos pisos y conferencias de prensa mañaneras. Nosotros hemos visto y analizado de cerca el gobierno de AMLO en el DF. Y no en la prensa, en los círculos selectos o en los segundos pisos, sino abajo, en la calle. Creemos que hay ahí el germen de un autoritarismo y un proyecto personal transexenal. La imagen de Carlos Salinas de Gortari construida por AMLO es, en realidad, un espejo. Por eso la conformación de su equipo. Por eso su programa tan cercano a aquel del "liberalismo social" del salinismo. ¿Dije "cercano"? Más bien, la continuación de ese programa. Esto se encuentra todavía oculto por la avasallante estupidez de la ultraderecha (que parece chivo en cristalería) y por el mismo caos ideológico que reina en la clase política mexicana, pero no tardará en hacerse evidente. Tal vez por ese ocultamiento, algun@s intelectuales, además de destacad@s luchador@s sociales, le proporcionan su cálido aliento al huevo de la serpiente que hoy anida en el gobierno de la ciudad de México. Frente a López Obrador no estamos enfrente de un líder nostálgico del pasado nacionalista revolucionario, sino de alguien con un proyecto muy claro de presente... y de futuro. AMLO no está pensando en realizar su proyecto en un solo sexenio (por eso su equipo es el mismo de aquel célebre "gobernaremos por muchos años"). Y, contra lo que piensan algunos, López Obrador no ofrece volver al pasado populista que tanto aterra al poder económico. No, AMLO oferta una mediación y una administración "modernas" (o sea terminar lo que dejó pendiente Salinas de Gortari). Y más: ofrece crear las bases de un Estado "moderno", por eso se esfuerza en diferenciarse de Lula, Chávez, Castro y Tabaré. Y el ofrecimiento no lo hace a los de abajo o a lo que queda de la Nación mexicana, sino a quien manda en realidad: el poder financiero internacional. La de él no será una administración neoliberal con la mano izquierda (Lula en Brasil, Tabaré en Uruguay, Kirchner en Argentina), ni un gobierno socialista (Castro en Cuba), ni un nacionalismo popular (Chávez en Venezuela), sino EL NUEVO MODELO DE ESTADO NO-NACIONAL (ese engendro de la guerra neoliberal) en América Latina. Si Carlos Salinas de Gortari fue el gobernante ejemplar de operador de la destrucción neoliberal en México, López Obrador quiere ser el paradigma del operador del reordenamiento neoliberal. Ese es su proyecto. Aunque falta que lo dejen o que pueda. No nos vamos a dedicar a descalificar a AMLO (de eso se encargará, y con inmejorable eficiencia, el PRD -sobre todo en la lucha por la candidatura al gobierno del DF-), pero consideramos nuestro deber advertir, definir y definirnos. Es necesario porque, en el gatopardismo de arriba, una definición no clara se convierte en un apoyo explícito: "si no está contra nosotros, entonces está en favor de nosotros". La definición frente (y no a un lado) a lo que representa AMLO es imprescindible. Su propuesta (y en esto no hay ninguna diferencia con la de Cárdenas en el PRD, ni con la de cualquier precandidato de cualquier partido en el superpoblado "centro" político del México de mediados del 2005) es llenar DESDE ARRIBA Y POR ARRIBA el vacío provocado por la hecatombe neoliberal. En resumen, allá arriba reinan la indecencia, la desfachatez, el cinismo, la desvergüenza. Fragmento de: La imposible ¿geometría? del Poder en México En opinión de... Subcomandante insurgente Marcos http://www.xiranhua.com/opiniones/opinion75.htm ************************************* El PRD no es la izquierda está corrompido, señala Luis Villoro ( Daniel Blancas Madrigal ) ( 2006-04-09 ) Un pastel de chocolate con siete fresas gigantes irrumpió la solemnidad del homenaje a luchadores sociales e izquierdistas históricos, lo que hizo recordar la frase de Luis Villoro cuando buscaba una definición de la izquierda: él no utilizó la palabra irrupción, sino disrupción, y no se refería a un manjar dulce y harinoso sino “al orden establecido por los dominantes”. Para entonces se escuchaban ya los primeros ensayos de los músicos de Óscar Chávez en la explanada de la delegación Iztacalco, donde tuvo lugar el festival de la izquierda. El pastelazo no hizo más que azucarar una jornada de reflexiones en la que se habló de los vacíos de la izquierda en México y en América Latina, y de sus múltiples ramificaciones sociales. “La izquierda no es el PRD, no es Andrés Manuel López Obrador, porque el partido se ha corrompido y está dominado por mucha gente corrupta”, decía Villoro, uno de los pensadores que participó en un foro de discusión. “El perredismo sí representa una izquierda, pero institucionalizada, que sólo busca la alternancia en el gobierno, pero no un cambio en el sistema. Estamos en contra de que ellos tomen la bandera izquierdista y también en contra de los caudillos como López Obrador… La opción más fiel es la corriente anticapitalista, en la que estamos anarquistas, socialistas y zapatistas”, aseguraba Edgar Sánchez, ex diputado federal y fundador del PRT. Pero ahí mismo, en la mesa, había posturas contrarias como la de Arnoldo Martínez Verdugo, ex dirigente del Partido Comunista, candidato presidencial del PSUM en 1982 y hombre ligado a la corriente de Cuauhtémoc Cárdenas: “Hay movimientos en el PRD que tienen compromiso con la perspectiva democrática y socialista. Y AMLO es uno de los dirigentes principales de la avanzada izquierdista”. Aquí, en el pasillo principal de la delegación, surgía la discusión, lo mismo en el foro oficial que en las charlas embarradas de merengue. Allá, en la explanada, todos eran de izquierda: un homosexual, un policía, un borracho, una esposa golpeada, un aficionado puma, un maestro, un vendedor de raspados… —Y usted, ¿por qué se dice de izquierda? Respondió el raspadero: “Porque vengo del desempleo, de la marginación”. Y mientras Gerardo Unzueta, escritor, periodista y miembro del extinto Partido Comunista levantaba aplausos por su tesis de que la izquierda más representativa en la actualidad es la de los migrantes que “han demostrado que se puede actuar en las entrañas del monstruo con reclamos en las calles de Estados Unidos”, afuera, los que se decían izquierdistas liberaban sus sentidos. Agotaban el libro de Lydia Cacho, escuchaban música de Rockdrigo González, Rubén Jaramillo y Víctor Jara, pegaban cartelones en contra de George W. Bush, tomaban café maya, compraban bálsamos vietnamitas, revisaban fotografías de Hugo Chávez, se emborrachaban con mojitos, lucían vestidos bordados, proyectaban videos del subcomandante Marcos, abogaban por el sexo tres veces al día y comían chocoamaranto o comida vegetariana. “La izquierda es una actitud colectiva e individual contra toda forma de dominación”, decía al fin el doctor Villoro. Otro revolucionario y ferrocarrilero: Manuel Duarte Téllez, que presumía haber cumplido 100 años el pasado 9 de marzo, simplificaba la versión: “La izquierda es la tierra, porque no se vende, sólo se distribuye”… Califica de fantasía a sus actuales liderazgos “Los liderazgos actuales de izquierda son una fantasía”. Esa es la visión del escritor Luis Villoro, quien, junto a otros estudiosos del tema, participó en el Foro La Izquierda de hoy en América Latina, organizado por la delegación Iztacalco. “Hoy no hay líderes de izquierda en nuestro país. Muchos se presentan con esa etiqueta, pero no conozco a ninguno que sea genuino. El movimiento que más se acerca al ideal es el representado por los zapatistas”, señaló en torno al papel que juega el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. —¿Por qué el PRD se define como el partido de izquierda? —No lo sé, porque el perredismo está sujeto a la corrupción y mientras existan militantes corruptos, no se puede llamar de izquierda. Villoro expresó que el ideal izquierdista sería una ciudadanía que ganara la elección con su voto y su voz, “sin partidos políticos o pese a los partidos políticos”. Edgar Sánchez Ramírez, fundador del Partido Revolucionario de los Trabajadores y hoy promotor de La Otra Campaña —junto con el Subcomandante Marcos—, también criticó a quienes se presentan como caudillos del pueblo, “porque desde el punto de vista de la izquierda socialista la fuerza motora de los cambios son las masas, el pueblo trabajador organizado, discrepamos con la idea de que pueda haber un líder que pueda hacer transformaciones milagrosas”. Sobre López Obrador, comentó: “Busca adaptarse al sistema para lograr la administración del gobierno, acaso reformar ciertas cosas del sistema, pero no conducirlo hacia el anticapitalismo. Así, no es válido autollamarse de izquierda”. http://www.cronica.com.mx/nota.php?idc=235391


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