Andrés Manuel y sus escribidores (en medios nacionales e internacionales)
Andrés Manuel y sus escribidores (en medios nacionales e internacionales) Por: José Carreño Carlón Lunes 19 de Junio de 2006 | Hora de publicación: 01:27 Ya no sorprende que por ignorancia y manipulación, la campaña de Amlo confunda los ingresos con las utilidades empresariales; que suponga que el único origen del ingreso de las empresas está en sus ventas; que afirme que las ventas en que participa la empresa del cuñado de Calderón son sólo —o son principalmente— al sector público, y que además dé a entender que el crecimiento de los ingresos —o incluso de las utilidades— de las empresas sean jurídicamente punibles o al menos políticamente condenables, si todo ello deja rendimientos en los mercados de votantes. Tampoco sorprende ya la incapacidad de los medios mexicanos para contrastar con información dura las afirmaciones de los definidores primarios de la agenda pública, en especial cuando ese definidor primario de la agenda es Amlo. En este caso, una explicación de aquella incapacidad de los medios para evaluar profesionalmente las declaraciones de Amlo en términos de valor noticioso podría encontrarse, cada vez más, en el hecho de que les resulta más cómodo, más barato y más redituable, medrar comercialmente con el escándalo —sin someter a la menor revisión crítica las “revelaciones” de este definidor primario de la agenda con cartel de denunciador de “nunca vistos” “complots” o “fraudes” de sus enemigos— que confrontar las “revelaciones” del candidato perredista con datos sustantivos. Dotar a los medios de la capacidad para realizar este ejercicio supondría, por una parte, elevar los costos de las empresas informativas, con inversiones en la formación o en la contratación de informadores mejor preparados. Y podría, por otra parte, provocar una disminución de las ventas al ofertar una mercancía informativa equilibrada, con más y mejores datos, pero, por tanto, con menos fuerza emocional y menos valor de cambio en un mercado periodístico regido por la controversia y el escándalo como valores supremos. No sorprenden, tampoco, por tanto, los incentivos que esta realidad le ha dado a la campaña de Amlo para explotar esta vulnerabilidad de la incipiente democracia mexicana. Como tampoco es novedad ahora el tratamiento complaciente a los mensajes del candidato perredista en diversos medios: no sólo porque sus diatribas “venden”, sino por las relaciones clientelistas que mantiene con sus aliados y asociados en esos medios. En estas condiciones, tampoco resulta extraño el comportamiento acrítico de otros medios ante la baja calidad y la inconsistencia informativa del discurso de Amlo. Guiados bajo el pragmático principio del “por si las dudas”, se trata de empresas cuyos detentadores y operadores expresan en corto profundos temores por el triunfo perredista, pero deciden no confrontar al candidato con la pretensión de ponerse a salvo de sus intimidaciones y de las previsibles represiones que enfrentarían si Amlo y sus escuadras toman el poder. El turno del NYT Pero lo que ahora resulta sorprendente, como me lo documenta, desde París un sólido académico y experto internacional, es que la prensa considerada de élite mantenga una cobertura con tanta desinformación como parcialidad de la campaña presidencial mexicana. Si el corresponsal del diario español El País, hace una semana, presentó los extremos de la riesgosa polarización a la que Amlo ha llevado al país como los pilares de un nuevo bipartidismo —supuestamente una nueva fase de la competencia democrática— no obstante que el propio Amlo le respondió que la creciente tensión entre la derecha y “los progresistas” es comparable a la que llevó a las guerras entre colonialistas e insurgentes y liberales y conservadores el siglo antepasado, y a la de los revolucionarios y la dictadura el siglo pasado, esta fin de semana le tocó el turno de la indefensión informativa al corresponsal del New York Times. En un reportaje con pasajes apologéticos matizados con un par de citas críticas de George Grayson y Enrique Krauze sobre el mesianismo de Amlo, el corresponsal James C. McKinley Jr. sorprendió el sábado al experto internacional por la pasividad con la que el periodista norteamericano avala pasivamente una de las “denuncias” del candidato perredista con las que supuestamente justificaría la guerra de Amlo contra la institucionalidad vigente. “Por demasiado tiempo, él (Amlo) truena” —relata con resonancias épicas el enviado del diario neoyorquino—“políticos, hombres de negocios y sus familias se han hecho ricos y han evadido impuestos mientras la clase trabajadora permanece hundida en la pobreza. ‘Los pobres pagan impuestos sobre todo lo que compran’, dice llegando al corazón de este tema” (continúa el relato de McKinley sobre el discurso de Amlo) y “los de arriba, los influyentes, no pagan impuestos”, remata el corresponsal. Pero un informador de un diario de elite a escala internacional tendría que preocuparse por saber y hacer saber que las dos cosas son falsas: que la mitad de la canasta de consumo popular está exenta del IVA, aclara el experto, y que más de la mitad del ingreso fiscal proviene de las grandes empresas contribuyentes.


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