Las tres claves de López: Dinero, Miedo
Plablo Hiriart resume, lo tantas y tantas veces dicho… tantas y tantas veces denunciado… ¡Dinero y Miedo!: Lo que logró que muchos medios se callaran o… Las tres claves de López Por: Pablo Hiriart Lunes 26 de Junio de 2006 | Hora de publicación: 00:54 Lo que hay de cara a las elecciones del próximo fin de semana es incertidumbre. Hay datos aproximados que caminan en el filo del empate entre López Obrador y Calderón. Además, aún quedan seis días, que también cuentan. Lo que está claro es que si López Obrador llega arriba en las encuestas a la cita del 2 de julio no es por su proyecto de gobierno. Cuando no tenía propuesta estaba en un nivel inalcanzable: 54 por ciento de las preferencias electorales en todo el país, incluido el norte. A medida que se fue dando a conocer y que publicitó su plan de gobierno en un libro con cincuenta y tantos puntos concretos, López Obrador fue bajando hasta caer al segundo lugar y luego se asentó en un 34 por ciento. Está otra vez en la punta por sus trampas. Por su intimidación. Por su dinero. Y por los errores de Madrazo y de Felipe Calderón. En nada ha brillado López Obrador. Ha contado, eso sí, con el favor de muchos medios de comunicación que, por convicción o por miedo, renunciaron a su vocación crítica y se pusieron de tapete para sus aspiraciones. Como no se veía desde épocas anteriores a Miguel de la Madrid, programas de televisión iban de madrugada a cantarle las mañanitas en su cumpleaños a sus oficinas en la Jefatura de Gobierno. Enviaban “periodistas” a las conferencias matutinas para ayudar a López Obrador a esquivar las preguntas comprometedoras. Permitieron que se burlara de los pocos medios que ejercían la crítica y de los periodistas que se tomaban en serio su papel. Dinero público e intimidación fueron de la mano durante los cinco años de su gobierno en la capital. Ese tiempo y esas alianzas le sirvieron para construir su candidatura presidencial y llegar al 54 por ciento de las preferencias. A los medios que hacían su trabajo los castigó sin publicidad. Ni un peso. Y a sus aduladores los colmó de dinero, como se ha documentado ampliamente en estas páginas. Con algunos hubo intimidación. Con otros, la complicidad del dinero. Y unos más actuaron movidos por convicción ideológica, que los hizo sacrificar la verdad por la causa de López Obrador. Sólo así se explica que después de haber hecho uno de los gobiernos más desastrosos de la historia del Distrito Federal, esté tan alto en las encuestas en la capital. Es un fenómeno similar al ocurrido al final del sexenio de José López Portillo. Todos los medios lo aplaudían a rabiar, por miedo, por dinero o por alianzas ideológicas. Si el día antes de que López Portillo abandonara el gobierno se hubiera hecho un plebiscito, de seguro lo hubiese ganado de calle para quedarse seis años más. Así de volátil es la “opinión pública”. Y así de importante es la influencia de los medios. Fue ese manto protector que le tendieron los medios de comunicación lo que le permitió salir indemne de sus errores. Esa alianza era la que lo hacía indestructible. Fue así como se diluyó su responsabilidad en la ola de criminalidad que azota a la capital del país. Muy pocos medios hacían la relación entre la delincuencia organizada y la policía de López Obrador. Casi nadie decía algo cuando violaba la ley y atropellaba el derecho de los ciudadanos. Metió a la cárcel al dueño del Paraje San Juan, que reclamaba su indemnización. Ahora está libre y el gobierno de Encinas ha tenido que comenzar a pagar. Hubo silencio casi general cuando adjudicó, sin licitación, el proyecto del segundo piso del Periférico a un ingeniero que además es el apoyador de su campaña. Silencio cuando le dio contratos por adjudicación directa a la que ahora es la publicista de su candidatura presidencial. Desde la secretaría de Gobierno, Martí Batres organizó la toma del Palacio de San Lázaro para evitar que la Cámara de Diputados votara la ley de educación. Para muchos medios fue cosa menor, y no una señal de su autoritarismo. Hubo un enorme despliegue informativo cuando pobladores de Tláhuac lincharon a dos policías federales y los quemaron vivos. Pero casi nadie criticó la pasividad de la policía que permitió el crimen pudiendo evitarlo. Intocada por la mayoría de los medios quedó la frivolidad de Ebrard, que permitió esos asesinatos. Los medios no reaccionaron ante el nombramiento de Ebrard como secretario de Desarrollo Social, luego de su destitución al frente de la policía. Se hicieron los disimulados ante la proliferación de taxis piratas que circulan gracias a cuotas en efectivo que pagan a organizaciones del PRD. El director de Patrimonio del GDF, Alberto Pérez Mendoza, giró un oficio al presidente municipal de Cárdenas, Tabasco, para que se le asignara obra pública a un amigo de López Obrador. ¿Alguna reacción? Cero. Los ambulantes se multiplicaron debido a la connivencia, dinero de por medio, con las autoridades capitalinas. ¿Dónde estaba la mayoría de los medios de comunicación mientras eso ocurría? Como un simple chascarrillo pasó la distribución, por parte de la Secretaría de Salud del GDF, de condones que tenían impreso el rostro de López Obrador. Cuando el reportero Raymundo Sánchez le enseñó uno de esos condones al Jefe de Gobierno, en la conferencia matutina, lo tomó entre sus dedos y exclamó: “esto no existe”. Lo dijo delante de todos los medios de comunicación. ¿Y? Muy bien, si él lo dice, entonces no existe. Ja-ja. Nunca se le exigió responder ante la opinión pública por los negocios en que fue descubierto in fraganti su secretario particular. Ni tuvo que dar explicaciones mayores por la conducta de su secretario de Finanzas. “Yo sólo respondo por mí, a mí no me van a encontrar nada”, dijo el Jefe de Gobierno, y la mayoría de los medios aceptó sin más esa tomadura de pelo. Es como si alguien dijera: yo soy responsable de mi cabeza, pero no de mis brazos ni de mis piernas. A ningún gobernante se le dejan pasar esas cosas así como así. ¿Quién no puede hacer un gobierno “de maravilla” con esa prensa? Dinero, compromisos políticos y miedo fueron la clave de su relación con los medios. Con la intimidación logró también doblegar a las instituciones. El desafuero se lo quitó con una marcha. Al IFE lo trató con insultos y amenazas... y logró que quitaran del aire los spots de Calderón que no le gustaban a él. Y con dinero salió del segundo lugar al que había caído. De 796 spots en televisión durante abril, López Obrador pasó a dos mil 736 en mayo, de acuerdo con el monitoreo del IFE. Noventa y un spots en TV cada día. ¿De dónde fluye tanto dinero? Ni preguntarlo. Es políticamente incorrecto ponerlo en duda. Los medios —no todos— están para hacerse los deslumbrados ante tanta brillantez que emana del nuevo Mesías sexenal que se aproxima. Por miedo, por dinero o por una convicción que los hizo sacrificar la verdad de los hechos por apoyar la causa de López Obrador. http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=248125


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